sábado, 13 de diciembre de 2008

Libertad, el más preciado de los bienes


Hay veces cuando piensas, que solo sabes perder. Nada te importa, tu vida, tu futuro, tu pasado, se resumen en llanto y soledad.
La tristeza se apodera de ti, tu odio, tu dolor, tu sufrimiento, se unen para hundirte más en el pozo de eterna oscuridad. Nada ni nadie puede sacarte de él. Cuando piensas que estás fuera, y con ganas de vivir algo o alguien pasa de repente, que te jode todos tus planes, toda tu alegría. Y es entonces cuando alguien al que le da igual todo lo triste que estés, se acerca a ti, esperando e intentando esbozarte una sonrisa. No puedo salir, no me dejan salir...
Da igual, eres libre, puedes salir o quedarte dentro, el mundo no gira a tu alrededor, tu giras alrededor del mundo, y es éste el que hace que tu vida suba, o por el contrario se hunda. ¿Es el mundo, o eres tú el que manejas tu vida? Me gustaría saber la respuesta pero no consigo descifrarla, me resulta tan complejo como descifrar un jeroglífico.
No se quien soy, no se a donde voy. Mi camino está empezando y no voy a desperdiciar la oportunidad de disfrutarlo.

Sólo tengo una cosa clara, que soy libre y quiero ser feliz.

miércoles, 19 de noviembre de 2008

Ganas de gritar



¿Qué pasa por mi mente? No lo se, me corroe la rabia, el dolor, la impotencia... El motivo? No lo se, pero es frustrante cuando un sentimiento se apodera de tu cabeza y de tu cuerpo. No puedes hacer nada. La ira ha vuelto a aparecer, nada ni nadie sabe porque aparece y como puede desaparecer.
No quiero hablar, no quiero reir, no quiero soñar... quiero desacerme de esta carga, quiero gritar. Quiero romperme las cuerdas vocales al sacarlo, quiero que se marche... me siento mal, muy mal.
La oscuridad está cerca y mi mente está débil, necesito irme. No quiero aguantar nada, no puedo aguantar nada, por lo más mínimo aparece este sentimiento.
Se oye una voz: Socorro!!!
Ya pasó, ha sido solo un momento, de nuevo, esto se apodera de mi, me supera. Tiene un ejercito que supera al mío en todos los aspectos. No puedo luchar. Que hago, me rindo? Creo que no, no es mi estilo.
Mi cuerpo actúa, mi cabeza no piensa... la luz se aleja de mi, no puedo alcanzarla y algo en mi me lo impide, realmente me hace creer que no la quiero alcanzar, necesito salir.
Alegrías que se alejan, ilusiones que se desvanecen, sentimientos confusos...
Mi vela se apaga, las ganas de seguir adelante se pierden.
Necesito pensar, pero no puedo, mi cabeza está saturada. Creo que encuentro una salida pero a los dos minutos desaparece.
La oscuridad se apodera de mi, mis ojos no ven, mi corazón no puede sentir. Y mientras, mi cuerpo actúa a su voluntad sin nadie que lo detenga.
¿Encontraré la salida de este laberinto?.................

lunes, 17 de noviembre de 2008

Cuando tu sombra

miércoles, 12 de noviembre de 2008

Lágrimas de ira

Era un soleada aunque gélida tarde de otoño. La vida se desarrollaba a su alrededor, todo se movía nada se paraba junto a su ventana. Los coches, máquinas colocadas por la velocidad, avanzaban de forma incansable frente a sus ojos. La gente cruzando la calle, nadie se para, cada uno pensando… Los monumentos, fuente de admiración de tantas generaciones a lo largo del tiempo, aunque inmóviles, parecen cobrar vida cuando el gélido aire arremete contra sus fachadas. Todo normal.
Ahí estaba él, mirando por aquel cristal, observando, pensando, tranquilo… no todo es tranquilidad en su mente, algo le hiere, algo le está doliendo. Ella no le comprende. Están lejos, pero unidos, siempre unidos por ese sentimiento.
Decide intentar arreglar lo que él mismo jodió tiempo atrás, coge un teléfono y llama. Espera escuchar su voz al otro lado del aparato. No hay suerte. Ella no está.
De nuevo se pone a mirar por la ventana, dirige su mirada al lugar en el que sabe que 70km más allá se encuentra ella.
Lo vuelve a intentar, pero de nuevo…
Al poco tiempo ella decide llamar, él ilusionado pero firme, coge el teléfono (sí es ella, por fin, que ganas tenía de hablar con ella, explicarle todo…): Sí? Responde…
Tras varios minutos en los que él intenta explicarse, ella sólo escucha…
Sus primeras palabras como es normal son de reproche, pero él no entiende por que son reprochadas sus palabras. Algo empieza a subir por su garganta, algo que no puede controlar en ese momento, algo que al final, sabe que va a reventar. Algo por lo cual ha estado pagando durante este tiempo. Sabe que va a volver, no lo quiere hacer, pero no sabe como remediarlo. De nuevo, vuelve su ira hablar por él, la ira de no ser entendido, la ira de ser reprochado, la ira de querer abrazar a la otra persona y no poder, la ira que cada vez que aparece le hace mucho daño a ella y bastante más a él. La ira que le ciega en los momentos más difíciles.
De nuevo, la misma situación él lo ha hecho, le ha hecho daño a ella. ADIÓS son sus últimas palabras y cuelga el teléfono.
Nadie le entiende, la quiere tanto… y tan poco a los ojos de ella. Él sufre sabe que ella está muy dolida, porque a tenido que volver a soportar su ira.
¿Por qué no podrá tirar su ira al vacío?
Y de nuevo, se queda, sólo, mirando por esa ventana hacia aquel lugar, una lágrima recorre su rostro. No puede hacer nada ya lo ha vuelto a hacer.Ha vuelto a joderle el día a ella. Se da asco a si mismo. Entre sus labios se oye algo así como: te amo…………………………………………………….

jueves, 23 de octubre de 2008

El despertar


Cuenta la leyenda, que tras su regreso al bosque en el que había conseguido por fin ser feliz, Ingwë decidió regresar a las montañas para aclarar su mente y purificar su alma. Sabía que en aquel bosque tenía a la persona que más había amado durante toda su triste vida, pero tenía que subir a lo más alto de aquella enorme montaña, lugar que se encontraba por encima de las nubes y rozaba el cielo.

Eámanë quedó destrozada cuando Ingwë marchó, pensaba que no volvería jamás a su lado, ya que tras los arduos años que había sufrido en aquella montaña, no se podía explicar qué podía haber ido a buscar allí, era un misterio para ella.

Ingwë consiguió llegar a su destino, aquella cueva oscura y lúgubre que anteriormente fue su morada. Cuando entró allí una ola de recuerdos recorrieron su cuerpo erizándole todos sus pelos. Pero no podía detenerse: tenía una misión. Su objetivo era encontrar a un espíritu que llevaba años en aquel lugar. Su nombre era Soledad. Todos los años que Ingwë pasó en la cueva, hicieron que entre ellos surgiera un gran vínculo, casi parecía poseído por Soledad. Sólo había subido allí a desvincularse por completo de aquel “recuerdo”, plantarle cara y hacer que dejase de atormentarle para conseguir ser feliz. No fue una tarea fácil, Ingwë había subido con las ideas muy claras, pero el espíritu no estaba dispuesto a pasar el resto de la eternidad solo en aquella cueva. Al no conseguir llegar a ningún acuerdo, un ataque frontal y directo salió de los labios del elfo: “ No he venido aquí a hacerte una visita, he subido para que te olvides de mí para siempre. ¿Te acuerdas de esa persona que me sacó de entre la nieve hace 6 meses? Pues es lo mejor que me ha pasado en la vida, la persona que más quiero y quiero pasar el resto de mi vida con ella, sólo con ella, tú estorbas ¡¡¡¡¡DESAPARECEEEEEEEE!!!!!

Cuando acabó de pronunciar esas últimas palabras se encontraba solo en aquella cueva, se sentía libre, por fin, de aquel pesado recuerdo. Emprendió su marcha hacia el bosque.

Todas esas largas semanas de sufrimiento de Ingwë, Eámanë había estado sola, agobiada y sin nadie que la apoyase. Todo ese tiempo sola le había hecho pensar sobre su vida. Llegó a la conclusión de que toda su vida había estado haciendo lo que los demás querían. Estaba harta, sumida en la oscuridad y lo peor de todo, sola.

Aquella mañana despertó y notó unos labios pegados a los suyos. Un baile de orgasmos se apoderó de su alma. Abrió los ojos y encontró lo que tanto tiempo llevaba esperando. Toda esa oscuridad que había estado arrastrando durante todo ese tiempo, desapareció por fin al ver a su amado, y ahora con una luz especial, una luz que nunca había sentido en él. Una luz que sopló su oscuridad para siempre con una frase: Te amo, soy libre por fin y quiero pasar el resto de mi vida junto a ti.

lunes, 30 de junio de 2008

Ingwë y Eámanë


Hoy quiero rendirle tributo al sentimiento más importante que puede llegar a sentir el ser humano, el amor, a través de una historia protagonizada por: Ingwë y Eámanë.

Ingwë, joven elfo oscuro, procedente de los bosques del este, huyó en busca de soledad cuando aún era muy joven, a las gélidas montañas del norte. Estaba arto de todo lo que le rodeaba. Allí y contra todo pronóstico, consiguió sobrevivir durante 3 años a base de esfuerzo y coraje, luchando contra todo lo que se ponía en su camino: bestias, heladas, tormentas... todo se puso en su contra, daba la sensación de que incluso Gaia quería deshacerse de ese joven animal, castigándolo constantemente a su antojo con barreras que parecían imposibles de superar. Pero él nunca se dejó vencer por nada y siguió luchando tanto física como mentalmente por permanecer en el mundo. Eran noches difíciles en las que con pieles conseguía combatir el frío y la locura nunca llegó a apoderarse de él.
Todo animal es vulnerable, y una gélida noche de invierno en la que un poderoso mamífero, tras una ardua lucha, había conseguido apoderarse de su refugio, Ingwë comenzó a sentir que su sangre se enfriaba, estaba completamente empapado y tras tres años en aquella montaña, no le quedaban fuerzas para seguir viviendo, se dejó caer sobre una espesa capa de nieve que poco a poco le fue envolviendo. Era el fin, nada por lo que había luchado merecía la pena, únicamente quería que su alma saliera de su cuerpo y volara libre.
De repente sintió como unas cálidas manos lo agarraban de los brazos y lo sacaban de aquel lecho de muerte. Ingwë estaba casi congelado, no consiguió ver a su salvador porque era incapaz de ver, oír u oler, únicamente sentía. En ese momento, se desmayó.

A la mañana siguiente despertó en un lugar que le resultaba familiar, un sitio en el que ya había estado antes pero no conseguía reconocer. Ingwë desconcertado comenzó a gritar. Instantáneamente y como si hubiera estado esperando esa señal, Eámanë apareció por la puerta. Su cara le era conocida y comenzó a hacer memoria. tras varios minutos recordó que esa bella elfa había sido amiga suya y que esa, era su morada. Eámanë le explicó mientras él desayunaba, como le había salvado la noche anterior. Atónito, Ingwë escuchaba atentamente las palabras que salían de los labios de la joven. Tras tres años sin pisar el bosque, Ingwë se dio cuenta de que ese era su lugar y que comenzó a notar en su estómago algo que florecía gracias a esa chica que le había salvado de una muerte segura. No se explicaba como alguien como ella podía haberse tomado tantas molestias, durante un año entero, a lomos de un caballo, para salvarle.
Pasó el tiempo y los dos jóvenes comenzaron a enamorarse, se necesitaban eran lo único necesario para el otro. La vida fue pasando y no había día en el que Ingwë no diera gracias a Dios por haber puesto en su camino a aquel "ángel" llamado Eámanë.
Pasaron el resto de su vida juntos, disfrutaron de todo lo que les rodeaba y sobre todo disfrutaron de su amor. Había algo que inquietaba a Ingwë y es que aquella mujer no envejecía, era perfecta, preciosa...
Pasaban los años y el envejecía pero ella no cambiaba.
Pero aquel momento fatídico llegó. El bosque se vio atacado por un virus letal, que asoló árboles, ríos, animales...
Todos los habitantes de aquel bosque huyeron pero la pareja, se negó; toda su vida habían disfrutado de todo lo que les ofrecía el bosque y no cabía en sus cabezas la idea de emigrar.
Desgraciadamente Ingwë cayó enfermo. Eámanë se pasaba los días cuidándole y demostrándole todo su amor sin miedo al contagio, pero la hora había llegado. Ingwë postrado en aquel lecho de hojas sabía que su muerte se encontraba próxima y sólo necesitaba saber como podía Eamanë no envejecer con el paso de los años.
Algo asombroso ocurrió entonces, antes de que Ingwë articulara palabra para realizar la pregunta, Eámanë se deslizó suavemente sobre su oreja y le digo con aquella voz dulce que producían sus cuerdas vocales:
"Se cual es tu duda, y quiero resolvértela. Mi verdadero nombre no es Eámanë, no pertenezco a este mundo. Soy Afrodita diosa de la belleza y el amor y quiero que sepas que nunca te olvidaré, has hecho sentir en mi algo mágico, algo que sólo un dios sería capaz de igualar. He sido feliz durante todos estos años que he permanecido a tu lado, y volveré a mi mundo cuando tu alma regrese al mío" Con estas palabras Ingwë dejó aparecer una sonrisa en su pálida cara y falleció.


sábado, 21 de junio de 2008

La luz








Hay veces en la vida del ser humano, en las que, debido a su capacidad de pensamiento, superior a cualquier otro animal, se sumerge en pozos de dolor, de angustia, de enfado, de desesperación... lugar del cual se ve incapaz de salir.




En estas situaciones, en las que realmente piensas que no sirves para nada y que no pintas nada aquí, es el momento en el que, sin previo aviso, aparece una luz, algo que quiere sacarte de ese pozo en el que te encuentras sumido y estancado.




Esa luz no para de tirar de ti con todas sus fuerzas, pero no es fácil, debe enfrentarse a temores, dolor, recuerdos, angustia... cosas que hacen que vaya perdiendo su brillo y su fuerza, que comience a ceder frente a la oscuridad.




Cuando esa luz no se apaga sino que renace como un fénix de sus cenizas, es cuando debes aferrarte a ella y dejar atrás toda esa oscuridad, todo ese dolor, ya que su brillo te aportará todo lo necesario para ser feliz. Habrá momentos de recaidas, habrá momentos duros aunque también felices, pero esa luz no dejará de brillar y te acompañará en tu largo camino. Esa luz a la que te aferraste aquel día, te hará feliz.