jueves, 23 de octubre de 2008

El despertar


Cuenta la leyenda, que tras su regreso al bosque en el que había conseguido por fin ser feliz, Ingwë decidió regresar a las montañas para aclarar su mente y purificar su alma. Sabía que en aquel bosque tenía a la persona que más había amado durante toda su triste vida, pero tenía que subir a lo más alto de aquella enorme montaña, lugar que se encontraba por encima de las nubes y rozaba el cielo.

Eámanë quedó destrozada cuando Ingwë marchó, pensaba que no volvería jamás a su lado, ya que tras los arduos años que había sufrido en aquella montaña, no se podía explicar qué podía haber ido a buscar allí, era un misterio para ella.

Ingwë consiguió llegar a su destino, aquella cueva oscura y lúgubre que anteriormente fue su morada. Cuando entró allí una ola de recuerdos recorrieron su cuerpo erizándole todos sus pelos. Pero no podía detenerse: tenía una misión. Su objetivo era encontrar a un espíritu que llevaba años en aquel lugar. Su nombre era Soledad. Todos los años que Ingwë pasó en la cueva, hicieron que entre ellos surgiera un gran vínculo, casi parecía poseído por Soledad. Sólo había subido allí a desvincularse por completo de aquel “recuerdo”, plantarle cara y hacer que dejase de atormentarle para conseguir ser feliz. No fue una tarea fácil, Ingwë había subido con las ideas muy claras, pero el espíritu no estaba dispuesto a pasar el resto de la eternidad solo en aquella cueva. Al no conseguir llegar a ningún acuerdo, un ataque frontal y directo salió de los labios del elfo: “ No he venido aquí a hacerte una visita, he subido para que te olvides de mí para siempre. ¿Te acuerdas de esa persona que me sacó de entre la nieve hace 6 meses? Pues es lo mejor que me ha pasado en la vida, la persona que más quiero y quiero pasar el resto de mi vida con ella, sólo con ella, tú estorbas ¡¡¡¡¡DESAPARECEEEEEEEE!!!!!

Cuando acabó de pronunciar esas últimas palabras se encontraba solo en aquella cueva, se sentía libre, por fin, de aquel pesado recuerdo. Emprendió su marcha hacia el bosque.

Todas esas largas semanas de sufrimiento de Ingwë, Eámanë había estado sola, agobiada y sin nadie que la apoyase. Todo ese tiempo sola le había hecho pensar sobre su vida. Llegó a la conclusión de que toda su vida había estado haciendo lo que los demás querían. Estaba harta, sumida en la oscuridad y lo peor de todo, sola.

Aquella mañana despertó y notó unos labios pegados a los suyos. Un baile de orgasmos se apoderó de su alma. Abrió los ojos y encontró lo que tanto tiempo llevaba esperando. Toda esa oscuridad que había estado arrastrando durante todo ese tiempo, desapareció por fin al ver a su amado, y ahora con una luz especial, una luz que nunca había sentido en él. Una luz que sopló su oscuridad para siempre con una frase: Te amo, soy libre por fin y quiero pasar el resto de mi vida junto a ti.

1 comentario:

Palma dijo...

Al fin vuelvo a disfrutar de tus palabras, cielo. Has guardado silencio durante mucho tiempo. Al leer esta entrada nueva por primera vez, me emocioné mucho, tocaste con tus dulces palabras mi corazón y me siento más amada que nunca. Eres precioso y la persona más especial e importante de mi vida. Gracias por estar ahí, gracias por estar conmigo, gracias, sólo puedo darte las gracias. Te quiero, Javi.